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Mala memoria. (Ojo, detalles de la trama). Otra cosa que nos fascinó fue cómo se olvidaba de las cosas que no le interesaban. ¿Que ahora no nos interesa que haya hijos de por medio? Los niños podían estar capítulos y capítulos sin aparecer. Pocas veces, o ninguna, se recordó más adelante que Gabrielle y Carlos fueron pobres en un momento dado. O que Carlos fue ciego. O la pizzería de los Scavo. O que Gabrielle estuvo casada con el alcalde (y luego se convirtió en viuda). O la hija secreta de Tom. Hay cosas que, simplemente, ocurrieron y luego se olvidaron. Chimpún. Ojalá la vida fuera así de sencilla.
La suerte de dar con un gran cuarteto protagonista. Pero si por algo voy a echar de menos Mujeres desesperadas es por sus personajes centrales. Amé odiar a algunas (Gabrielle es egoísta e insufrible; Susan es patosa y una cabeza de chorlito) y amé amar a otras (la ironía y resolución de Lynnette, la perfección absurda y casi psicopática de Bree). Son imperfectas, por supuesto, y por eso son perfectas. Qué maravillosas Teri Hatcher, Felicity Huffman, Marcia Cross y Eva Longoria. Y luego están los secundarios. Fui fan total de Eddie (Nicollette Sheridan) y era imposible no tomar cariño a la señora McCluskey (Kathryn Joosten). También pasé de odiar a amar, y vuelta a odiar, a Orson (Kyle MacLachlan).
Invitados y secundarios de lujo. Ver ahora Mujeres desesperadas significa pasarte buena parte del tiempo diciendo “¡anda, pero si sale este/a!”. Procuré no leer mucho sobre la serie, y por eso hasta me sorprendió Kyle MacLachlan. El listado de invitados y secundarios de lujo es enorme. Por Wisteria Lane pasaron Carol Burnett, Lily Tomlin, Nathan Fillion, Polly Bergen, Carrie Preston, Sarah Paulson, Beau Bridges, Justina Machado, Frances Conroy, Jane Lynch, Gary Cole, Laurie Metcalf y John Slattery, entre un montón de gente más. Todo un festival de caras conocidas.
Una serie irrepetible. Las comedias dramáticas con mujeres como protagonistas tienen aquí un referente imprescindible. Y, sin embargo, es complicado pensar en algún título de este estilo que esté a su altura. También coincido con la reflexión que hacía aquí Eva Gümil: ¿por qué esta serie no ha tenido el reconocimiento (y la repercusión) que debería haber tenido? ¿Por tener a mujeres como protagonistas? ¿Se considera una serie menor por eso? ¿O por la comedia? Tuvo un final digno, un recorrido con altibajos (180 capítulos, os recuerdo: ¿quién aguanta tanto tiempo arriba?), pero que, cuando se ve en perspectiva, se recuerda con mucho más positivo que negativo. Sin embargo, ahí está, esperando a que la reivindiquemos de vez en cuando. Si incluso yo, que veo series compulsivamente, he tardado 20 años en ponerme con ella.
Mujeres desesperadas nos ha ayudado a olvidarnos del día a día. Cenábamos con la ilusión de volver al abrigo de Wisteria Lane, de dejarnos sorprender por sus locuras, reírnos a carcajadas, insultar a quien lo merecía. En Mujeres desesperadas encontramos una serie ligera, luminosa, que acompaña y te abraza. Y así fue como una historia sobre amas de casa en un barrio residencial de clase media-alta nos ayudó a mi madre y a mí a acostumbrarnos a nuestra nueva cotidianeidad.
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