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Ganó y convenció en su estreno Inglaterra, la última de las favoritas por iniciar su camino en la Copa del Mundo, y las gradas del AT&T Stadium de Dallas mutaron en tribunas de Wembley. Son butacas habituadas a los aficionados de los Cowboys, a sus perritos calientes, sus refrescos y sus palomitas. Pero esta vez fue diferente. El imponente muro blanco y rojo, paleta de la Cruz de San Jorge, aguardaba a sus héroes tras la portería.
Allí acudieron Kane, Bellingham y compañía, decididos a agradecer el apoyo de los suyos. Y comenzó a sonar el Wonderwall de Oasis. La imagen no tardó en dar la vuelta al mundo. Aficionados y futbolistas de Inglaterra, altos y bajos, gordos y flacos, blancos y negros, ebrios y sobrios, unidos para cantar la misma estrofa al unísono.
Antes se habían lanzado con el Hey Jude de los Beatles, inevitable guiño a su número 10, y mucho antes, aún en los bares de la ciudad, de todo Texas en realidad, desafiaron a sus cuerdas vocales con el inconfundible Sweet Caroline de Neil Diamond.
Los escoceses, tan distintos y a su vez tan similares en cuestiones genéticas, abrazaron la cultura yanqui con el guitarreo country de John Denver y su Take Me Home, Country Roads antes de comenzar a imponer su ley en Boston. Allí, además de batir récords de decibelios con su himno nacional en el debut ante Haití, se apropiaron del Yes Sir, I Can Boogie, un tema compuesto en 1977 por Baccara, el dúo formado por las españolas Mayte Mateos y María Mendiola. Tal es la fiebre que despierta la melodía que los miles de escoceses desplazados al otro lado del Atlántico invadieron las gradas de un partido de béisbol entre los Boston Red Sox y los Texas Rangers al son de su himno oficioso.
Dicho esto, yo, querido lector, querida lectora, quiero preguntarte: ¿cuál sería para ti la canción de España en un Mundial? No la que más te guste, ojo. Tampoco la más comercial o la última en sonar por la radio. Me refiero a LA canción, esa capaz de unirnos a todos. Yo, si me lo permites, tengo dos firmes candidatas: Un beso y una flor, de Nino Bravo (el peligro aquí es no saber cuándo terminar), y Como Camarón, de Estopa (nuestros Oasis, pero sin broncas). Me gustaría conocer las vuestras en boletines@elpais.es o a través de nuestro formulario para conocer vuestros recuerdos:
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