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Durante la mayor parte de mi vida, me enorgullecía considerarme uno de los primeros en adoptar nuevas tecnologías. No lo pensaba dos veces antes de comprar un dispositivo futurista o descargar una aplicación novedosa. Pero en los últimos años, mi amor por lo nuevo ha empezado a disminuir. Me he sentido abrumado por los artilugios, las actualizaciones de software y todas las cosas impulsadas por inteligencia artificial que han hecho la vida cada vez más complicada. Estas novedades me han brindado una utilidad y disfrute momentáneos antes de instalarse permanentemente en el fondo de un armario ya de por sí abarrotado. Pensé que estas innovaciones traerían alegría y felicidad. Entonces, ¿por qué parecían hacer lo contrario? Este es el ciclo que nos atrapa cuando perseguimos lo novedoso: la emoción se desvanece, y luego pasamos al siguiente artefacto. “Podemos terminar en esta espiral de perseguir cada vez más zanahorias nuevas de una manera que no conduce a una felicidad sostenida”, me dijo Laurie Santos, profesora de Psicología en la Universidad de Yale y experta en felicidad. Quería romper el ciclo, así que pregunté a algunos expertos cómo podríamos recuperar nuestras vidas de las garras de la novedad.
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